Esquivando la poesía, verano de 2016

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No me preguntéis que es esto; no lo sé. No tengo ni la más remota idea. Yo ni escribo prosa ni poesía. Yo no escribo, punto. Desde hace mucho tiempo. Y esto no es un intento de volver a hacerlo. Mi historia minimalista tampoco lo es. Todo lo que lleve el nombre de fragmentos, mucho menos. Juntar varias palabras con sentido y pretensiones de llamarlo escrito es un insulto a todos los escritores que admiro así que, rotundamente, me reitero. No se lo que es esto. Pero es. Y me conformo con eso.

Esquivando la poesía, sin embargo, pretende ser el nombre que le he dado a todas esas cosas que nacen en forma de versos locos, sin medida ni métrica, con alergia a los poemas y la poesía porque aunque no pueda parar de leerla, no quiero saber nada de ella y sin embargo, se choca conmigo y me arrolla sin metro ni vías. Y sin avisar, la muy puta. Así que he decido que ante la perspectiva mejor hacerle caso y, pues no sé, que sea lo que ella quiera. Que me toque hasta quedarse contenta, que se duerma entre mis piernas, que me rasque la nuca hasta que amanezca. Que haga lo que quiera, que ya vendré yo y le haré ella.

Y... Que te voy a hablar. De besos.

Intento I

Te voy a contar un secreto.
Yo no beso
ni a mí me besan.

Los besos se encuentran
al final de una mirada,
entre medias de dos palabras,
al principio de una carcajada 
o cuando vencido el tiempo
estallan nuestras ganas.

No recuerdo nuestro último beso
y eso sólo puede decir
que el final, fue historia.
Porque de los finales no me acuerdo,
y prefiero pensar
como será empezar y encontrar(nos) nuevos besos.

1 comentario:

  1. Esquivarás la poesía pero escribes muy bonito. Le he cogido un cariño tremendo a tu blog (y a ti, sin conocerte) y aunque no me pase mucho por aquí -lo siento-, suelo leer todo lo que pones.
    Tienes un rincón muy bonito,
    y yo tampoco soy de recordar los finales, sino de pensar en los nuevos comienzos.

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