Cine: La Bruja (2016)

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No sé que me pasó el otro día que me vine arriba y decidí ponerme una película de miedo yo sola. Mami, ya soy mayor. Que haya estado viviendo sola no cuenta, lo que importa es esto: ya he visto una película de terror yo solita como una chica mayor. ¡Hurraaaaaaa!

Y decidí ver La Bruja (utilizo la página MiraDeTodo. Si os gusta verlas en VOSE os la recomiendo  muy fuerte) de Robert Eggers. Del reparto no conocía ni a Peter pero me llamó muchísimo la atención Anya Taylor-Joy que interpreta a Thomasin la, digamos, más protagonista de todos.


Todavía sigo preguntándome por qué decidí ver esta película. El caso es que ganó el premio a la mejor dirección en el festival indie de Sundance y es el debut de su director. La crítica la alaba, dicen que para ser la primera película de Eggers se ha ejecutado con la maestría de un veterano, con un uso de los detalles magistral y una construcción psicológica de los personajes a través del entorno prodigiosa. La trama es sencilla.
Durante 1630 una familia very puritana es expulsada de la colonia inglesa donde viven y se trasladan a la linde de un bosque donde construyen una granja y esperan llevar una existencia tranquila y cercana a Dios. Sin embargo el hijo menor de la familia desaparece y culpan a Thomasin, la mayor, de brujería. Es entonces cuando debido a una fuerza sobrenatural maligna la familia empieza a fragmentarse.
A mi me decepcionó. Es decir, no pasé miedo. Mierda, para una vez que me lanzo a la piscina y no tiene agua, hay que joderse. Lo que más destaco de la película es su estética que me gustó mucho y tienen razón, hay un detalle cuidado con mimo en cada plano. Y en cuanto al desarrollo de la historia, pues bueno, no tanto. Me pareció lenta, sosa y anodina. Hay tres o cuatro escenas que sí me pusieron la piel de gallina y no por miedo, si no por lo imponentes que eran. Lo que destaca, a mi ver, son los personajes con una construcción solida y un carácter marcado que los hace muy diferentes entre si e incluso, el ritmo narrativo de la película los acompaña fortaleciendo su actuaciones. Thomasin me fascinó y William, su padre, también. A la madre la odié profundamente y los gemelos me ponían de los nervios y en estado de alerta cada vez que aparecían, qué grimosos. Es decir, que, básicamente, no es una película de terror si no un thriller psicológico con ambientación sobrenatural. Minipunto para Eggers en la dirección de actores, que consigan transmitir tantas emociones pero... Mi gozo en un pozo.


Eso sí, tengo que decir que el final ha sido espectacular. Tiene una de las escenas más impactantes que he visto en los últimos tiempos y la cabra... Ay, la cabra. Siempre dije que eran animales malignos, ellas y las ovejas (sobre todo después de ver Ovejas Asesinas, película de serie Z y Omega que, os recomiendo, no veáis NUNCA).

Así que supongo que tendré que elegir alguna otra para mi bautismo de fuego. ¿La habéis visto? ¿Qué os ha parecido?

With love,
Desirée.

Marina de Carlos Ruiz Zafón

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Antes de nada quiero avisaros de que Carlos Ruiz Zafón es sin duda uno de mis escritores favoritos y que su libro, Marina, es mi favorito junto con El Señor de los Anillos. Entiendo que no tienen nada que ver y que compararlos es una barrabasada pero no lo estoy haciendo. Lo son cada uno por sus motivos, sin tener en cuenta género o calidad literaria. Se han colado en mi corazón y no hay quien los saque de ahí. ¿Quién demonios querría?

Pero lo que realmente me ha dejado alucinada ha sido que Marina ya era mi libro favorito hace muchos, muchos años. Ahora, al releerlo me he sorprendido sintiendo exactamente lo mismo aunque yo soy, hoy, muy diferente a quien era entonces y encuentro cosas que no encontraba en aquel momento. Y sin embargo, a edades tan sumamente dispares sigue siendo para mi exactamente lo mismo: una joya, uno de mis libros favoritos, un tesoro, parte de mí.



Marina se publicó en 1999, unos pocos años antes de La Sombra del Viento que es, probablemente, el libro más representativo de Zafón. Estoy segura de que probablemente lo hayáis leído o por lo menos, os lo han recomendado... Y me parece genial porque es una gran obra. Sin embargo, por motivos que todavía no consigo dilucidar, Marina ha sido para mi más especial. Se notan los años de diferencia entre uno y otro. En Marina, Zafón no es tan poético en sus descripciones. Tiene un estilo más sobrio y elegante y al a vez, más oscuro. Sigue manteniendo esa magia tan suya de hacerte soñar y ver con tus propios ojos todo lo que describe, y no solo físicamente; nos hace sentir las emociones, los sentimientos, las auras, los sentidos, las percepciones de todo lo que rodea a la historia. Creo que si tuviera que definir el estilo narrativo de Zafón sería con la palabra extrasensorial. Este hombre consigue salirse de las páginas para envolverte e integrarte en la historia con una maestría y una delicadeza alucinante y, sin embargo, no puedes escapar de ello. Es de esas personas capaces de describirlo todo de forma tan vívida que lo ves, lo sientes, te rodea, te sumerge. No lo se, este hombre es un mago y punto

Trilogía de la Fundación de Isaac Asimov

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Sepan sus mercedes que he añadido un nuevo apartado de mis lecturas en Goodreads aquí abajo por si queréis echarle un ojo y sobre todo, porque si tenéis me lo decís y os agrego. A mi me ayuda un montón a la hora de elegir próximos libros cuando no tengo ni idea de qué leer y me encanta cotillear lo que leéis vosotros. Siempre se encuentran joyas que no hubieras leído de otra manera.

He decidido que iré reseñandoos los libros según los lea porque hay muchos de ellos que se merecen un análisis con más mimo y una opinión mucho más argumentada. Y para ello voy a empezar con el grandísimo Isaac Asimov y su primera trilogía La Fundación.

Habréis oído mencionarla y si no es así me parece muy, muy feo. Son las novelas de ciencia ficción por excelencia, el gran referente de este género y, joder, mira que hace justicia a ese título. Lo empecé con miedete porque todavía no me he atrevido a leer autores rusos y les tengo cierto respeto y más cuando vi que la había escrito en 1951. Sin embargo, a pesar de los más de sesenta años que han pasado tengo que decir que no se nota, ni por asomo, el paso del tiempo. Es atemporal y dinámico, los motores de las tramas son tan actuales que a mí me dejaron patidifusa. Rompí un prejuicio más y no puedo deciros lo feliz que estoy de ello (de hecho, ya tengo preparadas varias novelas rusas más en la lista, ejé).
Nos sitúan en un futuro donde la humanidad ha conquistado la Galaxia. Hay millones de planetas habitados regidos por un Imperio central que ostenta todo el poder. Sin embargo, la humanidad es la humanidad y como destructores que somos llega un punto en el que el arte de la psicohistoria con Sheldon como su máximo representante predice la caída del Imperio y un posterior periodo de casi 30.000 años en el que la humanidad se sumergirá en la barbarie. Para impedirlo crea dos Fundaciones en extremos opuestos de la Galaxia para reducir ese periodo a tan solo 1.000 años, todo ello bajo un estudio del universo basado en las matemáticas de la psicología. 

Cuando no quieras salir de la cama...

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... entiéndete. Nadie saldría contigo dentro.
Irene X.

¿Hasta cuándo de nuevo, Vera?

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No dijo nada al abrir la puerta y verla parada al otro lado. Traía una mochila gastada, pero eso nunca era garantía de nada. Sonrió y se dio media vuelta para sentarse en el sofá. Por el camino señaló la cocina y dijo:
– Tienes el vino enfriándose en la nevera.
Vera arrugó la naricilla.
– ¿Lo tienes ahí desde que me fui? 
– No, vuelvo a comprarlo todas las semanas. Los domingos por la noche, cuando no llegas, me levanto y lo abro. Espero unos minutos más, por si acaso, pero no llamas a la puerta ni me llega ningún mensaje al móvil así que saco una copa y me lo bebo yo sola. Está bueno, la verdad. Aunque caliente es infame.

Vera la miró fijamente. Apenas había dado dos pasos desde la entrada de la puerta. Sentía un vacío bajo sus pies, le costaba moverse, avanzar. Ella actuaba como si no pasase nada, como si no se hubiese marchado sin avisar meses antes y ni si quiera le hubiese dejado un mensaje. O peor aún, no haber intentado contactarla en todo ese tiempo. Debía cerrarle la puerta en las narices, recriminarla, incluso gritar que así no se trata a quien quieres. Pero no, estaba tranquilamente sentada en el sofá con las piernas desnudas extendidas mientras en su regazo tenía un libro de aspecto pesado que devoraba con ganas. No esperaba que la abriese la puerta y le dijese que si vino, su imperdonable vino, estaba frío en la nevera, esperándola. 

– ¿No vas a decir… nada?
Levantó lentamente la mirada del libro con expresión confundida.
– ¿Quieres que te diga algo?
– Temo que lo hagas.
Entonces sonrió, de medio lado y la miró fijamente a los ojos. Ojos ardientes, verde y miel que se derretían al calor de sus emociones.
– Aprendí de eso la primera vez que pasó, Vera. Ahora, simplemente, no te espero. Te guardo el vino en la nevera, tienes la habitación como la dejaste, incluso tu lado del sofá… Ya aparecerás. Volverás, o no. No quiero seguir preguntándome dónde estás y por qué no me llamas. Así que mientras dure, está bien. Siéntate, anda, y cuéntame.

Era verdad. Ya no la esperaba. Vera era su creatividad, las emociones más intensas, las ganas de aventura, los bailes en carreteras secundarias, las escapadas con el coche, las noches en festivales, los días en terrazas soleadas, las preocupaciones que no llegan, los vinos de más y las ganas de mucho más. Vera era su fotografía, su inspiración, el concepto de infinito, su musa mas puta, como diría Elvira Sastre. Pero no terminaba de comprenderla. Vera se iba, sin decir nada a nadie. A veces por días, por meses, quizá por años. Reaparecía momentáneamente girando la esquina de una calle sin nombre para sentarse junto a ella, sin avisar. La besaba y volvía a marcharse, sin dar explicaciones. A veces se quedaba más tiempo y creía que nunca más iba a desaparecer… Pero no era así. Al principio pataleaba, la buscaba, lloraba y la echaba de menos porque la vida no era lo mismo sin ella. Estar sola, sola consigo misma sin todo lo que Vera le daba era terrorífico, le producía ansiedad, le deprimía y le robaba las ganas. La llamó, la buscó, preguntó por ella, incluso forzó las cosas para buscar otra Vera. Pero no había más Veras para ella. Y aprendió, con el tiempo, a no esperar. Aprendió que existían por separado y tenía que vivir consigo misma sin ella. Aprendió que eran las dos caras de una misma moneda y que el espacio que ocupaba iba a estar allí, doliendo o no, imperturbable. Y, mientras tanto, tenía que vivir. Y ya llegaría de nuevo, con su mirada de conquistar ciudades y momentos, con su olor que lo impregnaba todo, con sus botas altas desafiando la ciudad, con su risa que paraba semáforos, con sus promesas de vida efímera y recuerdos imborrables. Y volvería a vivir con ella, diferentes las dos, iguales siempre. 

Novelas físicas de Abril

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¿Habéis escuchado eso de el que avisa no es traidor? Pues si, hoy voy con las novelas que he leído en Abril que, no temáis, no han sido tantas como en los post anteriores lo cual es bueno porque así puedo contaros un poco más qué me han parecido sin que os de un ictus cerebral. 

Empezaré con uno que me sorprendió mucho aunque la sensación que me dejó en el cuerpo fue devastadora. Aparte de ser un regalo, fue una recomendación muy acertada. Se trata de El Túnel de Ernesto Sábato. Yo al autor no le conocía y resultó ser un escritor argentino con varios premios y un referente de la literatura contemporánea así que con esta carta de presentación ni lo dudé. El Túnel es una historia oscura, opresiva, desesperada y trágica donde las haya. Todo gira en torno a la obsesión, la soledad y los celos derivados de un amor enfermizo entre el protagonista, un pintor argentino y María, la única persona que, parece ser, llegó a comprender su arte. La necesidad derivada de este hecho lleva al protagonista a unas reflexiones profundas y brutales que francamente, te dejan los pelos de punta y el corazón encogido. Es una declaración en forma de historia sobre por qué mató a María. Qué situaciones le llevaron hasta ese punto y el no arrepentimiento de todo ello. No pretende expiarse, ni pedir perdón. Es la simple y descarnada historia de qué le llevó a quitar la vida de otra persona por la simple necesidad de que le entendamos. Y aunque os lo pinte tan catastrofista, es un libro que de verdad, MERECE la pena ser leído. Las reflexiones del autor sobre el tema te dejan la piel de gallina. Recomendadísimo, hacedme casito.

Lecturas de Abril | Hola, poesía.

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Este mes he tenido una especie de encuentro con la tercera fase digno de Íker Jimenez y es que he leído poesía. Si, sí, no os sorprendáis tanto que ya lo se. Siempre he dicho que exceptuando Baudelaire con Las Flores del Mal y algo suelto de Elvira Sastre, no era lo mío. Un género al que rechazaba de forma cruel y sin corazón y que, como siempre suele suceder en estos casos, me dio un revés bien encajado por haber sido tan tontita. Es como tropezar en la calle y estar a milímetros de caer mientras haces esa danza de la desesperación por el equilibrio y cuando lo consigues y ves que nadie te ha visto, sigues andando con el orgullo (casi) intacto (so patas) y aquí no ha pasado nada. Pues eso, aquí no ha pasado nada. He leído poesía y... ¡me ha encantado! ¡Oh, Lord!

Los culpables han sido dos personitas, y españoles ambos, para ser exactos. O bueno, a medias. El caso es que tanto Elvira Sastre con su antología poética Ya nadie baila e Ibra Assez Fou con Introspectus han hecho que me enamorase de este género. Pero vayamos por partes.