Ori and the Blind Forest.

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Tras terminar el videojuego Ori and the Blind Forest me encantaría decir qué me ha parecido. Ante todo no soy crítica de videojuegos ni tengo la basta experiencia que tienen otros jugadores, por eso no es más que una humilde opinión ante mi experiencia de juego... Así que, sin más, ¡bienvenidos a la historia de Ori y Sein!


Ori es una aventura en 2D de plataformas y con un sistema de juego popularmente conocido como metroidvania. Y es una alegría que vuelvan a hacer juegos en 2D tan bonitos como el de Ori. Durante las horas de juego que han sido alrededor de 9 porque, y voy a reconocerlo, soy una torpe, no ha parado de venirme a la mente la referencia de CLÍMAX VISUAL para describir este juego. Es mágico, es colorido, es maravilloso.

Es obvia la influencia de la animación japonesa de Estudio Ghibli y no es ningún secreto, ellos mismos lo reconocieron y han sabido coger lo mejor para traerlo al videojuego... Resulta evocador e inmersivo porque no solo estamos disfrutando de la estética de la animación, los colores vibrantes, la iluminación narrativa, el lenguaje visual tan característico de este tipo de animación, la increíble banda sonora, la sensibilidad y el lenguaje secreto sin palabras... Si no que, por si fuera poco, somos partícipes de ello de forma interactiva (¡Bien! ¡Es un juego, Sherlock!) ¿Hay un punto más alto en esta montaña? Una parte del corazón me dice que no... Pero no es del todo cierto porque "Ori" tiene también su lado oscuro.



Ori and the Blind Forest cojea de una forma que me ha resultado dolorosa ante mis expectativas; ha conseguido sacarme del juego. La frustración, la sensación de imposibilidad, los cientos de intentos y no es broma... Cientos han hecho que me olvide de la historia, de Ori, de Sein (el hada que le acompaña) y del bosque para gruñir, llorar y patalear. Ha hecho que la historia y el juego se resuman a esa pantalla que no te consigues pasar... Y me sabe agridulce.

En general no es un juego en exceso difícil aunque si frustrante. El problema son sus niveles irregulares de dificultad puntuales que no están justificados y que entorpecen la historia que nos quieren contar. Y es ahí donde va mi punto negativo. La falta de diálogo o la poca animación no es problema alguno, lo que hay es suficiente para conocer a los personajes, entenderlos, quererlos y emocionarte con ellos.

Veo esto en retrospectiva porque en el momento de jugarlo se queda empañado por esa distancia que marca el juego con su jugabilidad... Pese a ser ágil y entretenido.



Creo que no volvería a jugarlo pero me alegro de haberlo hecho y el orgullo de haberlo pasado merece todavía más la pena (aunque tengo que dar las gracias a Blanco por su ayuda en la pantalla final, ¡Gracias!). Cuando todo pasa y se secan las lágrimas (de frustración, desesperación, de emoción) te das cuenta de lo mucho que lo has disfrutado y de que ha merecido la pena cada segundo.

Es precioso, sensible, sencillo, intenso y desafiante.

¿Que si lo recomendaría?
                   ¡POR SUPUESTO!
De hecho, ¿Cómo podría no hacerlo?

PD: Perdóname por los gritos y pataletas. Me han hecho mejor. Aunque debería haber tenido más paciencia... O menos mala leche. Gracias por aguantarlo.