Decadence of 50's | Guillermo Casteleiro.

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Hello, little deers.

Nunca había acusado la falta de tiempo. Creo que hasta hoy, cualquier excusa similar ha sido una trola de las grandes. Pero de pronto, desde hace unas semanas a aquí me he dado cuenta de que los días pasan a una velocidad de vértigo, como cuando vas a 130 km/h con el coche y miras por la ventanilla y árboles, campos, asfalto y cielo se confunden en un borrón que no para de moverse. Cuando intentas enfocar un punto, parece que la sensación de mareo disminuye pero acabas teniendo que soltarlo, porque el tiempo es tiempo y no le gusta que lo atrapen

Y es por esto que hace tantos días mi Madrid no sabe nada de mí. Yo lo echaba de menos y sé que él también me echaba de menos porque cuando volví a él, me recibió con los brazos muy abiertos y casi ansioso. Se parecía a esas veces en las que queremos impresionar a alguien y damos lo mejor de nosotros. Pues igual, tan encantador estaba.

Me encantó volver a sentir el frío de las siete de la tarde, y de las ocho y más allá. Ese frío de Madrid que, dicen, es más duro que una noche en el Sahara. Pero es un frío pícaro, inteligente. Es de esos que te llevan por calles, paseos, travesías y avenidas hasta llegar a lugares donde no esperabas terminar, es de esos que te hacen entrar a locales, que te hacen añorar cafés y castañas. Es de esos fríos con cien tonalidades de color, brillando en el ambiente y esperando a que las atrapes, mientras corres tras él. Es de esos. Y yo, para qué voy a negar lo evidente... ¡Le quiero!

Sin embargo, hubo una parte incluso más buena que esa. No perseguí al Otoño y atisbé al Invierno sola, esta vez me acompañó alguien que, por casualidades de la vida, ha acabado por ver el mundo de forma muy parecida a la que lo veo yo. A través de una cámara.

Se llama Guillermo Casteleiro y es otro gato de esos que beben de la influencia newyorkina, londinense y alemana, todas juntas, convirtiéndole en un batiburrillo de pitillos y tirantes, camisetas y botas difícil de definir. De los que beben vodka y, cuando brilla el sol, se confunde con sus rayos (así de rubio es, creedme). De los que escuchan Pink Floyd y viajan a la India con solo el recurso de su voluntad. De los que se enfurruñan y gruñen y de los que les llamas y paran el mundo para atender la llamada.

Así es Guille, y creo que nunca me imaginé ponerme en sus manos fotográficamente hablando. Fue él, en realidad, el que hizo que me reencontrara con mi Madrid, el que me empujó a sus brazos casi, casi, consciente de lo que hacía. Casi pero no, creo que eso solo lo sabía yo.

El caso es, que a él le debo dos cosas. Romper mi burbuja y hacerme salir al mundo exterior y sacarme, por primera vez, al otro lado de la cámara. No como un ideal de belleza, si no como un cúmulo de expresiones, intenciones y personalidad. Ya sabéis, cómo a mí me gusta.

Me sorprendió cuando se sentó frente a mí y me dijo: quiero aprender fotografía. Él estaba perdido en aquel momento, dudando entre lo que quizá debería hacer y lo que quizá quería hacer. Yo le miré fijamente y, tras pensar en qué era lo que mejor podía recomendarle simplemente le dije: pues prueba

Pues prueba, sí. Alguien se llevará las manos a la cabeza y dirá "¡¡¿Pues prueba?!!" en un tono tan indignado que blogger no nos permite captarlo. Y yo asentiría, muy sería y diría, "¡Pues claro!". Yo encontré la fotografía probando. Ni si quiera tuve la suerte de tener a alguien a mi alrededor que me echase una mano y me guiase, me enseñase por dónde comenzar a andar y me evitara errores inútiles que no, no hace falta cometer. La mayoría de las veces encontramos lo más importante de nuestra vida por pura casualidad... Y sé que una parte de vosotros me da la razón. Y si no lo hace, probad a vivir un poco más y después me contáis.

No sabía si tenía talento o si le podía ir bien. Pero tampoco tenía por qué saberlo, él quiso tomar ese camino, yo yo le dije "prueba" y le apoyé. Le aconsejé lo que pude, empezó a estudiar por su cuenta y...

Creo que, para ser sinceros, ¡sorprendió al mundo entero!

Es la única persona que ha conseguido que, tras ponerme delante de un objetivo, me gustase el resultado. No por belleza, por salir mejor o peor... Si no por la sencilla razón de que, no transmite nada. ¿Es culpa del modelo? Probablemente no. La mayoría de las veces es culpa del fotógrafo, nos guste o no, de cómo dirigimos o de lo que pedimos. De qué ángulo elegimos y qué enfoque queremos darle.

Por eso me sorprende todavía más. Apenas me dijo nada y fue un momento fortuito, en mitad de un paseo, ya de noche, y sin premeditarlo. De hecho ni si quiera sabía que iba a hacerme fotografía alguna... ¡Solo pasó!

Y esta es la magia que surgió de él y de su cámara.

Gracias, Madrid, por sorprenderme una vez más, por echarme de menos y por acogerme en tus caprichosos brazos. Y gracias, Guille, por enseñarme que existe otro mundo al otro lado del objetivo.

Si queréis seguir más lo que hace... Pues no os lo perdáis (de momento solo tiene facebook, pero estoy segura de que pronto nos deleitará con sus fotografías en web/blog).







True Detective | Death by love.

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Death by love. Muerta, muerta de verdad... De y por amor. Llevaba anunciando este tema durante varios dias. True Detective. True Detective... La verdad es que hablar sobre ella me pone en un gran compromiso. ¿Nunca habéis sentido que, de verdad, de verdad de la buena os gustaría sobre un tema pero realmente, os da miedo? Os da miedo porque, quizá, todavía no has terminado de asimilarlo, porque lo tienes demasiado fresco o porque lo tienes en un pedestal muy alto para cogerlo (ni si quiera la silla del tarro de galletas llega, fijáos). Y entonces piensas, ¿Pero cómo demonios voy yo a decir algo relativamente coherente y de calidad sobre esto? ¡Me voy a quedar corta! Pero, kamikaze o valiente he decidido que voy a hacerlo y allá vamos, llenadme la piscina

Como casi todas las cosas que se precien, vamos a empezar por el principio... Y en este caso que nos atañe, el principio resulta ya un mazazo que te deja pegado a la pared. La INTRO. Creo que es una de las mejores cosas que me han pasado en los últimos tiempos. Podría pasarme analizando imagen por imagen hasta que blogger me echara por pesada y me prohibiera la entrada. Cada una de ellas es... Absolutamente paralizante. Y no solo eso si no que, mágicamente, han conseguido la musica PERFECTA para la serie. Y no solo para la propia serie/trama, si no para la ambientación, sus personajes... Es una intro que te hace respirar el aire de Louisiana, el calor, el olor penetrante, la decadencia, el caos, la lucha, todo lo que significa ser redneck sureño. Y lo hace de una manera casi poética afrontando una verdad inherente, no dolorosa, si no asumida, real. Es un vistazo a la depravación del propio ser humano, a la lucha contra sí mismo, a la esperanza, a la mentira, a estar perdido y a no pertenecer a ese mundo (o a ninguno).

Es una pasada. Y me encantaría que le echaseis un vistazo.

(CLIC EN LA IMAGEN PARA VERLO).


Vale, ¿empezáis a entender por dónde voy? Creo que recoge a la perfección el espíritu de la historia que intentan contarnos y... Oh, de qué manera.