La música del silencio | Patrick Rothfuss

(5)comments

Hello, little deers!

La verdad es que estoy muy, muy feliz de que la entrada anterior tuviera tanta acogida. No solamente por el fotógrafo, si no también por la narración y eso es algo que me llenó mucho por dentro así que sobre todas las cosas y antes de entrar al turrón; GRACIAS.

(Chistes y expresiones Navideñas, horror donde los haya).

Hace tiempo postee una imagen en INSTAGRAM enseñando algo que me había traído Amazon... Y fue lo que ha resultado ser una joya en forma de literatura; La Música del Silencio, la historia de Auri, personaje de El Nombre del Viento cuyo autor es Patrick Rothfuss.



No creo que os tenga que hablar de Patrick a estas alturas de los tiempos, o eso espero. Eso espero porque se ha convertido en un graaaan autor de literatura fantástica dentro del panorama y, de verdad, ¿Quién no ha oído hablar de El Nombre del Viento? Levanten la mano y salgan por la puerta de atrás, que se han confundido de mundo.

El caso es que Patrick nos sorprendió hace poco con el anuncio de dos novelas cortas nuevas. El relato de Auri y el de Bast. Cuando lo escuché asomó una sonrisilla maliciosa por la comisura de la boca, casi sabionda ella. ¡Ajá! Pobrecita. Creí que sabríamos más de Auri, y de Bast. Que el misterio empezaría a disiparse, que manejaría información confidencial y clasificada de estos dos personajes tan desconocidos dentro de la trilogía. ¡Ay, ay, qué inocencia la mía! Al final siempre peco de lo mismo.

O quizá no. Quizá Patrick nos lo ha dado, pero no como esperábamos.
Que hayamos visto el mundo a través de Auri no quiere decir que la conozcamos más, pero tampoco que no la conozcamos. Significa que es un personaje complejo, tan delicado como un rayo de luz de luna y con un lenguaje tan secreto que tienes que olvidar todo lo que conoces para empezar a escucharla.
Y esto es lo que es el relato de Auri. La Subrealidad a través de sus ojos. Una música sin letra, pero letras sin sonido que no solo puedes escuchar y tocar si no que, además, puedes sentir y vivir. Es un libro lleno de sensaciones, de sutilidades, de detalles que en un principio pueden resultar nimios, sin sentido, pero que en realidad hablan más de esa niña que todo lo que hubiera podido decir Kvothe o el propio Rothfuss.

Decadence of 50's | Guillermo Casteleiro.

(12)comments

Hello, little deers.

Nunca había acusado la falta de tiempo. Creo que hasta hoy, cualquier excusa similar ha sido una trola de las grandes. Pero de pronto, desde hace unas semanas a aquí me he dado cuenta de que los días pasan a una velocidad de vértigo, como cuando vas a 130 km/h con el coche y miras por la ventanilla y árboles, campos, asfalto y cielo se confunden en un borrón que no para de moverse. Cuando intentas enfocar un punto, parece que la sensación de mareo disminuye pero acabas teniendo que soltarlo, porque el tiempo es tiempo y no le gusta que lo atrapen

Y es por esto que hace tantos días mi Madrid no sabe nada de mí. Yo lo echaba de menos y sé que él también me echaba de menos porque cuando volví a él, me recibió con los brazos muy abiertos y casi ansioso. Se parecía a esas veces en las que queremos impresionar a alguien y damos lo mejor de nosotros. Pues igual, tan encantador estaba.

Me encantó volver a sentir el frío de las siete de la tarde, y de las ocho y más allá. Ese frío de Madrid que, dicen, es más duro que una noche en el Sahara. Pero es un frío pícaro, inteligente. Es de esos que te llevan por calles, paseos, travesías y avenidas hasta llegar a lugares donde no esperabas terminar, es de esos que te hacen entrar a locales, que te hacen añorar cafés y castañas. Es de esos fríos con cien tonalidades de color, brillando en el ambiente y esperando a que las atrapes, mientras corres tras él. Es de esos. Y yo, para qué voy a negar lo evidente... ¡Le quiero!

Sin embargo, hubo una parte incluso más buena que esa. No perseguí al Otoño y atisbé al Invierno sola, esta vez me acompañó alguien que, por casualidades de la vida, ha acabado por ver el mundo de forma muy parecida a la que lo veo yo. A través de una cámara.

Se llama Guillermo Casteleiro y es otro gato de esos que beben de la influencia newyorkina, londinense y alemana, todas juntas, convirtiéndole en un batiburrillo de pitillos y tirantes, camisetas y botas difícil de definir. De los que beben vodka y, cuando brilla el sol, se confunde con sus rayos (así de rubio es, creedme). De los que escuchan Pink Floyd y viajan a la India con solo el recurso de su voluntad. De los que se enfurruñan y gruñen y de los que les llamas y paran el mundo para atender la llamada.

Así es Guille, y creo que nunca me imaginé ponerme en sus manos fotográficamente hablando. Fue él, en realidad, el que hizo que me reencontrara con mi Madrid, el que me empujó a sus brazos casi, casi, consciente de lo que hacía. Casi pero no, creo que eso solo lo sabía yo.

El caso es, que a él le debo dos cosas. Romper mi burbuja y hacerme salir al mundo exterior y sacarme, por primera vez, al otro lado de la cámara. No como un ideal de belleza, si no como un cúmulo de expresiones, intenciones y personalidad. Ya sabéis, cómo a mí me gusta.

Me sorprendió cuando se sentó frente a mí y me dijo: quiero aprender fotografía. Él estaba perdido en aquel momento, dudando entre lo que quizá debería hacer y lo que quizá quería hacer. Yo le miré fijamente y, tras pensar en qué era lo que mejor podía recomendarle simplemente le dije: pues prueba

Pues prueba, sí. Alguien se llevará las manos a la cabeza y dirá "¡¡¿Pues prueba?!!" en un tono tan indignado que blogger no nos permite captarlo. Y yo asentiría, muy sería y diría, "¡Pues claro!". Yo encontré la fotografía probando. Ni si quiera tuve la suerte de tener a alguien a mi alrededor que me echase una mano y me guiase, me enseñase por dónde comenzar a andar y me evitara errores inútiles que no, no hace falta cometer. La mayoría de las veces encontramos lo más importante de nuestra vida por pura casualidad... Y sé que una parte de vosotros me da la razón. Y si no lo hace, probad a vivir un poco más y después me contáis.

No sabía si tenía talento o si le podía ir bien. Pero tampoco tenía por qué saberlo, él quiso tomar ese camino, yo yo le dije "prueba" y le apoyé. Le aconsejé lo que pude, empezó a estudiar por su cuenta y...

Creo que, para ser sinceros, ¡sorprendió al mundo entero!

Es la única persona que ha conseguido que, tras ponerme delante de un objetivo, me gustase el resultado. No por belleza, por salir mejor o peor... Si no por la sencilla razón de que, no transmite nada. ¿Es culpa del modelo? Probablemente no. La mayoría de las veces es culpa del fotógrafo, nos guste o no, de cómo dirigimos o de lo que pedimos. De qué ángulo elegimos y qué enfoque queremos darle.

Por eso me sorprende todavía más. Apenas me dijo nada y fue un momento fortuito, en mitad de un paseo, ya de noche, y sin premeditarlo. De hecho ni si quiera sabía que iba a hacerme fotografía alguna... ¡Solo pasó!

Y esta es la magia que surgió de él y de su cámara.

Gracias, Madrid, por sorprenderme una vez más, por echarme de menos y por acogerme en tus caprichosos brazos. Y gracias, Guille, por enseñarme que existe otro mundo al otro lado del objetivo.

Si queréis seguir más lo que hace... Pues no os lo perdáis (de momento solo tiene facebook, pero estoy segura de que pronto nos deleitará con sus fotografías en web/blog).







True Detective | Death by love.

(0)comments

Death by love. Muerta, muerta de verdad... De y por amor. Llevaba anunciando este tema durante varios dias. True Detective. True Detective... La verdad es que hablar sobre ella me pone en un gran compromiso. ¿Nunca habéis sentido que, de verdad, de verdad de la buena os gustaría sobre un tema pero realmente, os da miedo? Os da miedo porque, quizá, todavía no has terminado de asimilarlo, porque lo tienes demasiado fresco o porque lo tienes en un pedestal muy alto para cogerlo (ni si quiera la silla del tarro de galletas llega, fijáos). Y entonces piensas, ¿Pero cómo demonios voy yo a decir algo relativamente coherente y de calidad sobre esto? ¡Me voy a quedar corta! Pero, kamikaze o valiente he decidido que voy a hacerlo y allá vamos, llenadme la piscina

Como casi todas las cosas que se precien, vamos a empezar por el principio... Y en este caso que nos atañe, el principio resulta ya un mazazo que te deja pegado a la pared. La INTRO. Creo que es una de las mejores cosas que me han pasado en los últimos tiempos. Podría pasarme analizando imagen por imagen hasta que blogger me echara por pesada y me prohibiera la entrada. Cada una de ellas es... Absolutamente paralizante. Y no solo eso si no que, mágicamente, han conseguido la musica PERFECTA para la serie. Y no solo para la propia serie/trama, si no para la ambientación, sus personajes... Es una intro que te hace respirar el aire de Louisiana, el calor, el olor penetrante, la decadencia, el caos, la lucha, todo lo que significa ser redneck sureño. Y lo hace de una manera casi poética afrontando una verdad inherente, no dolorosa, si no asumida, real. Es un vistazo a la depravación del propio ser humano, a la lucha contra sí mismo, a la esperanza, a la mentira, a estar perdido y a no pertenecer a ese mundo (o a ninguno).

Es una pasada. Y me encantaría que le echaseis un vistazo.

(CLIC EN LA IMAGEN PARA VERLO).


Vale, ¿empezáis a entender por dónde voy? Creo que recoge a la perfección el espíritu de la historia que intentan contarnos y... Oh, de qué manera. 

Naked Palette | Original, 2 & 3 from Aliexpress (fake)

(10)comments


A veces me planteo si las cualidades femeninas son un castigo divino o es que nos gustamos así, con complejo de mártir. De pronto, sin comerlo ni beberlo se te despierta el chip del coqueteo... Vamos, que te despiertas coqueta. (¿A alguien más le parece que esa palabra es horrible? En serio, castellano, ¿no tienes un solo sinónimo aceptable? Acabo de buscarlos en google y qué demonios... frívola, casquivana, presumida, vanidosa, provocadora. No comentemos. Quedémonos con coqueta). Y cuando abres los ojos respirando tal sentimiento, entras en una compleja y peligrosa espiral que, de un modo u otro, probablemente te lleve al maquillaje. Tampoco hace falta maquillarse demasiado, que nos disfracemos o no nos reconozcamos delante del espejo. Vale con querer sacarse partido y, bueno, de un modo u otro como en cualquier otro ámbito, acabamos llegando a los grandes de entre los grandes, a las sombras entre las sombras. A Urban Decay y sus paletas Naked

Decir ante todo que soy manca en muchos ámbitos y el del maquillaje es uno de ellos. Apenas tengo experiencia y me dedico mucho a practicar a base de ensayo y error y a entender mis facciones y cómo demonios puedo tratarlas. Hasta hace apenas unos meses, solamente utilizaba eye-liner, rimmel y pintalabios. Y ahora he sumado las sombras al repertorio, por lo que ante todo decir que es mi humilde opinión y que si os puede ayudar en algo, estaré más que encantada.



¡Reseña! | El Invierno del Mundo

(1)comments


No soy lectora de libro digital. ¡Por fin lo he dicho, maldición! Tras un año y medio de intentar convencerme a mí misma leyendo libros gratuitos en el iPad (gratuitos por... pues por piratas, sí, ¡también tengo que reconocerlo! Assdfhdsadsa grrrrrr) mi yo lector ha estallado al tener entre sus manos la última adquisición lectora, la segunda parte de la trilogía The Century, de Ken Follett.

Confieso que intenté leerme este libro (de forma digital, sí) varias veces y no conseguí pasar de las 10 páginas de una u otra forma. Tenía que releerlo una y otra vez para entender lo que me estaban diciendo... Una clara señal de que había llegado el fin de la etapa digital. Apenas me había leído ocho libros en un año y medio. Bueno, quizá un poco más. Pongamos doce. Doce libros en un año y medio es un dolor en mi corazón que no se va y que se agrava cada vez que lo pienso. Y no solo eso, apenas recuerdo lo que leí. Es un fenómeno extraño y terrorífico del que por fortuna (¡Gracias, mamá!) he conseguido salir. 

Digo gracias mamá porque fue ella quien me compró este libro, tras varios comentarios míos. Es la edición DEBOLS!LLO y su precio es de 10,95 € más que razonable para un total de 975 paginas. De páginas finas y peso ligero, he de decir que vivo abrazada a él por dos motivos. Bueno, diría que tres. Uno, me ha devuelto el amor por la lectura. Dos, voy a decirlo de forma simple; me ha en-can-ta-do. Y tres, es Ken Follett, por el amor de dios. ¡KEN FOLLETT!

Pues bien, quizá por este hecho en mi vida este libro esté impregnado de una subjetividad fuerte y poderosa que me lleva a verlo de una manera poco objetiva pero en cualquier caso quiero dar mi opinión sobre esta saga y en concreto, sobre este libro.

we are the light and the darkness

(2)comments

Ey there, little deers! ¿Cómo estáis? Ahora que es época de exámenes finales y agobios, por un lado me siento sincronizado a vosotros, por otro, que voy a contracorriente (fiel a mi estilo). ¿Sabéis? Acabé dejando definitivamente la escuela en la que estaba. No sé si hablaros de ella porque lo más probable es que salgan sapos y culebras de mi boca, y no estoy versada yo en brujerías malignas. Así pues, solo diré que por un lado no pienso volver a pisar una escuela privada en lo que me queda de vida, y que mis hijos y sus descendientes y los descendientes de sus descendientes, tampoco. Lo pondré en mi testamento. Al menos en España. Lo juro.

En contrapunto, tengo una buena noticia. Que hubiera dejado la FP Superior no significa que hubiera abandonado mi futuro estudiantil ni mucho menos. Sin embargo entré en una fase que me preocupó: no encontraba ningún otro curso FP que me gustase. Jamás se me pasó por la cabeza hacer una carrera universitaria, de hecho aborrezco las universidades (y no me preguntéis por qué, todavía estoy preguntándomelo yo misma)... Pero me recomendaron algo: la Escuela Superior de Diseño de Madrid. Yo estaba buscando algo relacionado con el Diseño Gráfico, y en esa "Escuela" daban un Grado de Diseño Gráfico así que era perfecto. ¡Cuál fue mi sorpresa cuando descubrí que es un grado universitario! Y, además, con prueba de acceso. Por un lado perfecto, porque no hice Selectividad. Por otro lado, en menudo berenjenal me estaba metiendo. A un mes de las pruebas de acceso, y yo sin tener ni idea de dibujo, ¡ole! El caso es que, ni corta ni perezosa, me apunté a una academia de arte para aprender todo lo necesario para la prueba de acceso. Es este 23. Todavía no estoy todo lo preparada que debo, pero en esta semana todo irá mejor y estoy convencida de que entraré. Creo en ello, así que si queréis podéis sentaros y coger unas palomitas que el show está servido.

No sé si es por el hecho de pasar tantas horas aprendiendo, estudiando y haciendo arte, pero el otro día, un sábado por la mañana me picaba por dentro. De eso que, de verdad, te pica y no puedes rascarte. Y te levantas y paseas y gruñes como un animalico encerrado. Mi gato me miraba también con cara de: estate quieta de una vez, y Dani me miraba de reojo con el temor asomando en su mirada (en verdad, soy terrible cuando estoy inquieta sin saber qué hacer, rondando y rondando como un depredador en círculos). Bajo este panorama, mis pies (descalzos, por cierto) me condujeron hasta el armario donde últimamente guardo mi cámara y la cogí. Me quedé mirando el aparato con cara de: qué hago yo aquí. Me puse un poco nerviosa. Últimamente tengo una relación bastante difícil con mi pequeña Lola, así que creo que incluso sentí un poco de miedo al tenerla entre mis manos y la mente en blanco. Pero me esforcé en acordarme de aquel día en el que presumí de haberme levantado con el tercer ojo abierto y de hecho, así lo sentí yo. Así que borré el miedo de un plumazo y me lancé a la piscina (como siempre hago, al fin y al cabo. Quizá ese sea mi gran fallo como fotógrafa).


Equivocarse.

(2)comments

Nunca me había identificado a mí misma como tal pero he reconocido que soy muy, muy cabezona. Aunque escuche a la gente (y valoro los consejos y que quieran cuidarme), tengo una tendencia casi suicida a equivocarme por mí misma. Cuando alguien me dice "eso no" y yo preguntarle "¿por qué?" y obtener una respuesta, no es suficiente. Tengo una sensación en el cuerpo de desasosiego, de "¿Y si...?" y no puedo parar, es casi una obsesión hasta que lo hago, o lo compruebo. A veces acierto (quién sabe si la suerte decide recompensarme por obcecada o realmente lo merecía) y otras muchas no. Son más estas últimas, me temo. Pero como siempre digo, de todo lo malo algo se aprende y de todos los errores sacamos algo, y yo tengo mucho (y quiero) que aprender.

Cuando miro hacia atrás, a estos dos años atrás tengo una sensación contradictoria (pero qué os voy a decir, si soy toda contradicciones). Por un lado, me siento feliz de estar donde estoy, por otro, me siento terríblemente agobiada por lo mal que he hecho algunas cosas. Agobiada porque las consecuencias empiezan a alcanzarme ahora, la realidad empieza a morderme los talones y a acariciar la espalda. Y no son crueles, simplemente son. Son creaciones mías que tienen mi olor, mi voz, mi propia forma de pensar. Yo les he dado todo eso, he dejado que llegaran hasta mí y ahora tengo que pelear.

No voy a mentir a nadie; he tenido mucho miedo. He pasado noches con pesadillas o durmiendo a medias porque a mí, por la noche, me asaltan todas las emociones. Cuántas noches le he hecho pasar a mi madre sin dormir, escuchando todo lo que tenía que decir (y dejando que los monstruos se hiciesen más grandes para descubrir luego por la mañana que apenas me llegaban por el tobillo) mientras me decía "duérmete, piensa todo esto con la luz". Qué razón tenía la jodía. A la mañana siguiente cometía otro error: no los recordaba. Pero ahí estaban, vigilando desde las sombras e interviniendo cuando no me daba cuenta.

Hasta hoy. ¿sabéis? Hasta hoy. Mis errores no han sido garrafales, pero han sido de desperdiciar muchas cosas. Tiempo, esfuerzo, dinero. En cantidades que a mí misma me sorprenden y... ¿por qué? Pues porque hasta que no me he vuelto a equivocar no he podido aprender esta lección que llevaba siglos necesitando aprender. Ese momento en el que las cosas hacen de pronto "clic" y duelen. Duelen porque te das cuenta de lo estúpida e ignorante que has sido, lo caprichosa, que te has mentido a tí misma y a los que te rodeaban con una habilidad y facilidad que raya lo indecente -y qué bien te ha salido por todo ese tiempo, ¿verdad?- lo prepotente. El juego a ser más de lo que eres cuando ni si quiera entiendes de qué va la historia. Ponerse frente al espejo y darte cuenta de todo eso, es terríble. Más aún es darte cuenta de que hay cosas que no podrás cambiar (quién sabe por qué, pero están impresas en tu ADN) y con las que vas a tener que convivir. Te plantearás qué clase de persona eres y probablemente, todavía sin haber dado el paso definitivo, de deprimas y quieras llorar porque tú no querrías tener una persona así a tu lado, ¿quién iba a querer?

Y, queridos míos, es aquí donde yo levanté la cabeza. Levanté la cabeza y me miré a los ojos. Me devolvieron una mirada que jamás había visto en mi propia cara, ni en mi persona. "Sí, y qué". Sí. Y qué. Era así y podía borrar muchas de las cosas ahora que me había dado cuenta de que las cometía y no eran ni por asomo necesarias en mi vida. Me había dado cuenta de que las riendas de mi vida las tenía yo y podía corregir el rumbo de ella cuando las agarrase. Me iba a costar, probablemente iba a pasarlo mal, iba a llorar y me iba a castigar el mundo porque por fín me hacía responsable de mis acciones. Sí, y qué. Era capaz de soportar todo eso y más. ¡Por díos, tendríais que haberla visto! Estaba de pie, con esa mirada fiera en la cara. Casi me enseña los dientes, de reto, de vehemencia, de impaciencia (eso en ella no había cambiado, qué ibamos a hacer). Se movía porque no podía contener más su energía, porque llevaba años encadenada y estaba a punto de ser libre.

Fue entonces cuando, con un grito de, "¡por fín, joder!" estallaron sus ataduras en esquirlas de luz que podrían haber hecho daño a cualquier par de ojos que miraran, pero no a ella (y no a mí). Saltó por encima de todo lo que nos separaba y temí porque pensé que ella era mi primer castigo, por haberla encadenado y olvidado todo este tiempo. Pero lo que hizo me dejó sin habla, ¿sabéis? Se lanzó sobre mí y sus brazos me rodearon, estrechándome en un abrazo de comprensión y perdón. Casi quise llorar. ¿Por qué la había tratado así tanto tiempo? ¿Qué clase de mala zorra había sido, con el mundo y conmigo misma? Una muy mala, y muy estúpida por lo visto. Me susurró con un gruñido "Vas a creer todo lo que yo te diga desde ahora" y yo quise reír porque pensé que si me decía que podíamos con el mundo, iba a hacer una batalla de las Termópilas ya mismo. Como Leónidas y su capa roja, indestructible, no por su sobrada fuerza y pericia, si no por el convencimiento absoluto de su fe. Empecé a creer en ese mismo instante.

¿El miedo? El miedo no se fue del todo, pero se atenuó porque sabía perfectamente que podía hacerlo bien, que lo que iba a vivir era responsabilidad mía, pero que iba a poder con ello e iba a salir adelante. Gloriosa y victoriosa, en algún momento, aunque tuviese que pisar el barro y mancharme la boca con él.

El error, al final, no radicaba en todo lo que me rodeaba. Radicaba en mí, ¡oh qué fácil es de decir! Sabemos tratar con el mundo, pero no sabemos tratar con nosotros mismos, y nos miramos como extraños hablando con todo el mundo para intentar entender un poco más el misterio con el que convivimos. Qué difícil es preguntarse a uno mismo, pero más aún es responderse. Por suerte yo conseguí mis respuestas a base de errores, de decepciones (y no mías, si no de quienes más quería), de infravalorar el trabajo y el esfuerzo de otros derrochando lo que me tenían regalado. Jamás podré reponer lo que perdí, pero sí puedo construir de nuevo. Construcciones hermosas, que desafíen las leyes de la naturaleza y la cordura humana. Riéndome como solo yo sé hacer de la humanidad y desafiando a personas y Titanes con la fiereza que me caracteriza.

Pero, no soy la misma. O mejor dicho, no seré la misma. Y el qué será de mi ahora mismo no me interesa en absoluto. Me interesa empezar a arreglar el mundo que, al fin y al cabo, es mi don especial.

with love,
D.





witchcraft. jessica lange kissed me

(1)comments

Hello little deers! Después de UN MONTÓN de tiempo, ¿me habéis echado de menos? Yo bastante, a este rincón solitario y silencioso. Me lo imagino como si fuese un pequeño balcón en una calle estrecha de Italia, en un rincón, olvidada, con enredaderas cayendo desde el suelo y unas pequeñas flores abriéndose a la primavera. Quizá ésa sea la imagen de este espacio. Tan personal. Tan mío.

Sea como fuere, os he echado de menos. De hecho, mirad, me he hecho una fotografía en vuestro honor.



Os traigo la primera parte de la colección que he empezado. WITCHCRAFT. Los que me conocéis, sabéis mi obsesión por la magia, el esoterismo, las ciencias ocultas y demás. No es un secreto y tampoco lo oculto. Quizá algún día os hable sobre todo este tema. Pero en resumidas cuentas, siento una devoción, una llamada profunda e inexplicable por todos estos temas. Desde que recuerdo me he rodeado de ellas y forman parte de mi día a día... Así que, de una manera u otra, tenía que hacer algo al respecto.


Realmente, el detonante fue la tercera temporada de American Horror Story. ¿La habéis visto? Os la recomiendo, la serie entera. Y lo fue también Jessica Lange. Desde esa serie, la tengo una admiración profunda que me ha llevado a inspirarme en ella en esta primera entrega de la sesión.


Pilars

(0)comments

Hello little deers! ¿Cómo estáis? Particularmente para mí este fin de semana ha sido muy, muy especial. La Tierra de Rah, proyecto ya de sobra conocido por estos lares se hace, día tras día más y más real. La reunión que he tenido con mi pequeña Ginebra este fin de semana lo corrobora y nos hace sentirlo todavía más real. Pronto os dejaré por aquí el video que grabamos y os hablaré extensamente de ello.

(Y aprovecharé para contaros sobre la fuente de luz contínua que usé para grabarlo, un yongnuo 300).

El caso es que en un rato por la mañana secuestré a la antes citada señorita y la llevé un poco más adelante de mi casa, a las escaleritas de una antigua iglesia en el centro de Madrid. No solamente ha quedado espectacular el resultado del secuestro si no que la necesidad de hacer fotografías de nuevo era tan grande que me ahogaba... Pero las circunstancias a veces son compañeras putas y en esta época, conmigo lo son especialmente. Pero si tengo momentos como estos de vez en cuando... Creo que sobreviviré y sintiendo una felicidad resonante y profunda.

He llamado a esta sesión "PILARS" porque es lo que es. No necesita más explicación. Solo... vedlas y quizá sintáis lo que yo.

(hay sorpresita, por cierto).














  
  
   



  


Requiem sings for Reira Abaddon.

(1)comments

Pudió mirar al cielo que rugía sobre su cabeza, clamando la atención de toda la vida humana. Quería que las cabezas se alzasen hacia arriba, con los ojos sorprendidos y, quizá, sobrecogidos por su fuerza. Aquella tormenta no la había visto el mundo jamás.

A pesar de que todo ser humano que pisase la tierra estuviese con la mirada fija en el cielo oscuro, la tormenta rugió con mayor fuerza. Ansiosa, enfurecida. Descontenta.

Descontenta porque una única mujer caminaba sin detenerse con la mirada fija en algo que no era ella. Indiferente, impasible... inhumana. Sus ojos rojos se clavaban inamovibles en una figura lejana. Su voluntad hacía temblar las piedras a cada paso y sus tacones reventaban en los oídos como un grito.

Fue entonces cuando comenzó a llover. Lluvia sucia, llena de envidia, barro y desesperación. Lluvia que hacía pesar la ropa, los cuerpos y sus almas. Se sentían condenados bajo ese vórtice oscuro que era el cielo, condenados por unas lágrimas que no llegaban donde pretendían llegar. El mundo sufría por culpa de esos ojos rojos, pero no era algo nuevo. El mundo se deshacía y rehacía a voluntad de esos ojos granates. El mundo desaparecía tras el blanco puro de su pelo.

Su pecho empezó a mojarse. Su cara, que no cambió ni un solo instante de expresión. Su abrigo empezó a pesarle y a hundírsele sobre los hombros y, de alguna manera, la reconfortó.

Una sonrisa inmoral bailó en su boca, traviesa. Con nombre y destino.

Las gotas resbalaban por sus piernas, casi humeando y siseando por el calor que desprendía.

Y fue entonces cuando en el gris del mundo que impedía ver, ella de pronto paró y alargó una mano agarrando la más grande de las blasfemias, obligándolo a darse la vuelta y encararla. Y fue entonces, cuando vio el dorado líquido de sus ojos que se dio cuenta de que llovía, de que les zarandeaba una tormenta más grande de cuantas había visto, que empezaba a temblar de frío.

Ah, pero lo que no sabía es que nada de eso era culpa de la lluvia, ni del lamento del viento, ni de la ira del cielo.

Y lo miró. Lo miró en silencio pues ya había demasiadas voces en el aire. Lo miró quieta, mojándose más y más e intentando controlar el temblor que amenazaba con tirarla al suelo. Pero no. Ella jamás caería.

¿O quizá sí?

Solo podía ver sus ojos dorados. Mirándola fijamente. Entrecerrados. Inquisitivos. Burlones. Desafiantes.

Fue entonces cuando la bóveda del cielo se rompió sin poder contenerse. Descargó todo lo que tenía en un último intento de obligar a esa mujer indiferente del mundo a mirar hacia arriba. Pero ella estaba ciega del mundo. Veía su propia versión de él.

Eso fue lo que hizo que la mano se cerrase más fuerte en torno a él y tirase fuerte, atrayéndole hacia sí misma. Cuando el sabor de las respiraciones se mezcló y el calor de los cuerpos empezaron a luchar, ella abrió la boca. La boca roja.

Y aspiró aire. Las palabras no acudían a ella... Y las intenciones la traicionaban. Como siempre. Esa sensación familiar y conocida. Sonrió entonces, dando rienda suelta a ese impulso que llevaba tiempo conteniendo. Una sonrisa rota, tan impropia de ella. Tan devastadora.

Y se dio la vuelta, soltándole, alejándose de todo lo que se había vuelto conocido. Dándole la espalda a la conquista. Su garganta estaba cerrada, estrangulándose a sí misma. Y volvió a sonreír, enfureciendo más a la tormenta.

Y rió, mientras se alejaba. Aquella risa no sonó humana, ni comprensible. Era la risa de quien tropieza y se ríe de sí mismo, dolorido y sangrante. Pero no roto. No. Roto.




ALGUIEN ME ACONSEJÓ ESCRIBIR AUNQUE SOLO FUERAN UN PAR DE LÍNEAS AL DÍA. POR SALUD PERSONAL Y ESAS COSAS. SOLO QUE BUENO, COMO CASI SIEMPRE ME PASA, NO TENGO MEDIDA. Y HM... TOMÉMOSLO COMO UNA ESPECIE DE TERAPIA. 


with love,
D.