Ella.

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Lo consume en unas pocas bocanadas de aire. Siente calor en los dedos, y casi le quema. Lo tira al suelo y tras un par de segundos lo pisa con las botas de cordones. Coge el bolso que está tirado a su lado, rebusca en él y saca otro. Pero no lo enciende, sigue mirándolo hasta que levanta la cabeza. Frente a ella, un chico moreno la está mirando y sospecha que lleva un buen rato haciéndolo. Le mira fijamente y él se acerca entendiéndola perfectamente. Ella no se levanta y al final, él se agacha hasta su altura. Ella se lleva el cigarro a la boca y baja la cabeza haciendo hueco con las manos para protegerse del aire y que el mechero prenda. La mano de él le hace levantar la barbilla, y le quita el cigarro de los labios. Lo enciende por ella, y la primera nube de humo la da en la cara. La segunda, le roza los labios. La tercera le llega dentro, junto con el beso de un desconocido. Ella le empuja levemente y le quita el cigarro, fumando por sí sola. Le empuja más fuerte hasta que le hace caer al suelo. Y se miran durante unos minutos. Ella, a sus ojos oscuros. Él, a sus ojos brillantes. Y el cigarro entre ellos quemándose por la fuerza de las emociones que llevan dentro.

Al final ella se ríe. Él la invita a salir. Nunca se dijeron los nombres, él la llamaba Pequeña, porque le hacía de rabiar y ella a él C, porque se negaba a gastar más aliento en pronunciar su nombre (probablemente derivase de cabrón, cigarro, cama o cualquier locura de las que ella pensaba). Salieron hasta que amaneció. Dejaron de escuchar sus voces porque ya no oían nada. Cuando ella se subió a la espalda de él, su pelo largo le acarició el cuello y le contó cosas que ella jamás hubiera dicho en voz alta. No hizo falta porque después, se las susurró al oído.

Lolita and others outs of mind.

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And, tomorrow it's time to kill the night.









My feelings to tomorrow is that we gonna kill the night. Maybe, something will be die but, who cares? We know it will be better the next day, different but our. We know what's happening now but not tomorrow, or this night. I want drink, dance, lost my mind and my heart in Zombie alone or with you but i want found one hundred of experiences and maybe, some new smell. I want that this become in something better, more awesome and strong.
And music, lights and alcohol.
Go out to smoke and laught until breath out.
Stolen kiss.
Stolen lifes.
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A veces me preguntan que por qué hago lo que hago. ¿No entienden que si me lo planteara, volvería a hacerlo sin dudarlo, todavía más fuerte?

Wild World

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Le gustaba sentarse al borde de la cama, dejar los pies colgando y pasarlos una y otra vez por la lana de la alfombra. Le hacía sonreir. Le recorría un escalofrío por la piel, la risa que nunca dejaba escapar le mordía desde dentro. Y no podía evitar dejar escapar el aire en una única carcajada contenida. Era el mismo juego entre las dos, y ninguna perdía nada al ser derrotada. Siempre ganaban.
Después se levantaba, paseaba la vista acostumbrada por los libros y ninguno acababa de llamarle la atención. De lo que tenía ganas era de voz en los oídos.
Los minutos pasaban, y ella seguía de pie sobre la alfrombra de lana con los ojos cerrados y sin pensar en nada. Un deseo empezó a formarse en ella. Lo siguió. Poco después abrió los ojos y vio el techo blanco que no impedía ver el cielo, al menos para ella. En su mano, había humo. En su boca había humo dulce. Respiró fuertemente, hasta que el espacio de sus pulmones se llenó a reventar. Todavía no quería soltar el aire. Estaba tumbada. El sonido de un saxofón se abrió lentamente paso por el espacio que separaba su casa de la calle de enfrente. Se quedó escuchando las notas que poco a poco iban naciendo solo para ella hasta que, cogiendo velocidad, formaban su canción. Una canción anónima de la que no conocía el autor, ni la letra. Pero eso no le impedía inventarla ella misma. Cada vez que el saxofón cobraba vida se entretenía imaginando a su vecino. Al principio, imaginaba sus labios pegados al instrumento, sus ojos misteriosos cerrados haciendo un esfuerzo para sacar sonidos de él, sus manos acariciándolo lentamente y presionando suavemente, pues sabía perfectamente que no podía empezar de ninguna otra forma. Porque ésa era su historia. La del saxofón, la del chico misterioso y la de la chica del humo.
Ella dejó que la música la guiara. Abrió los ojos y dejó escapar el aire, acompañada en todo momento por él.
El humo empezó a tomar formas que conocía perfectamente, formas de rostros, de cuerpos, de manos, de voces.
Levantó las manos y pasó sus dedos por el humo, acariciándolo como un viejo amigo. Como siempre, no pudo aferrarlo. No se preocupó demasiado. Volvió a expulsar humo, esta vez con mayor fuerza. Volvió a entrelazar sus dedos con él. Volvió a escaparse.
Las últimas notas de su canción le besaron los labios. Ella miró el humo, volvió a escaparse.
Entonces, lo dejó ir.

Se levantó despacio de la alfombra, abandonando su humo allí y acercándose a la ventana. Se puso de puntillas para ver mejor. Vio como una figura se movía detrás de las cortinas de la casa de enfrente. Apoyó sus manos en el alfeizar y se quedó mirando un rato.
Él no se volvió, ni abrió la ventana y tampoco volvió a tocar la canción.
Ella sonrió, notando como la vida continuaba y ella corría detrás, disfrutando de cada paso. Sin moverse de allí, llegando hasta los confines del mundo. Volando sobre ciudades.

Se acordó del humo y se dio la vuelta, mirándolo con el ceño fruncido.
Lo guardó todo y se pintó los labios. Cogió el bolso, las llaves y dejó el movil en la alfombra. Al bajar, se puso las botas y salió a la calle, con la música de su canción en los oídos y el beso en los labios pintados.
Que el mundo no fuera suyo no le impedía moverse por él como si lo fuera.

El movil no sonó en toda la noche. De haberlo hecho, ella no hubiera estado allí para responder.