And in that moment i swear, we were infinite

(2)comments




Hoy he visto amanecer. Y éste ha sido exactamente igual que aquel de verano, hace ya años. La misma noche, el mismo amanecer en el que me rompieron el corazón por primera vez. Hoy la recuerdo con cariño, con nostalgia, sin ningún rencor. ¿Os acordáis? Fue en aquel viaje que hicimos todos por primera y última vez. Aquí, al mismo lugar en el que, incontables días después, vivo yo. Muchos teníamos apenas 18 años, otros 19. Quizá hubiera alguien de 20. Unos con más experiencia y otros, como yo, empezábamos a vivirlo todo. 

Lo que más recuerdo eran nuestras ganas, las risas que nos acompañaron todo el viaje, ese brillo en la mirada y el hambre de conquistar el mundo que nos bullía por dentro. Cada segundo era nuestro; nos pertenecía. Todo se movía a nuestro ritmo, se colocaba a nuestros pasos, con cada cambio de marcha y mirada por el retrovisor nos hacíamos mil promesas que creíamos que durarían siempre. Para nosotros, lo duraron. Duraron nuestro infinito. Eso solíamos decirlo Alberto y yo, "mientras dure, es infinito". Éso éramos nosotros. Un infinito suspendido en el último aliento de la adolescencia. Last Generation.

Y llegamos. Y como César, conquistamos lo que vimos. Allí donde se paraban nuestros ojos, poníamos la bandera y lo reclamábamos como premio por derecho propio. Y nos lo merecíamos. Lo que tuvimos fue precioso, todos nosotros.

Aún hoy, años después, no podré olvidarlo nunca. Lo llevo pegado, clavado en el corazón y en la memoria.

El caos, la confusión dentro de una casa demasiado pequeña para nuestra grandeza. Las comidas y las cenas, los momentos interminables en la terraza, eufóricos, incapaces de dormir para no perdernos un solo segundo, vencidos por el cansancio, el alcohol, el dolor en el pecho de tantas risas y promesas susurradas entre nosotros guardándolas como tesoros, hinchando nuestra enorme felicidad, las expectativas de la vida, nuestra amistad. Agarrábamos los "te quiero" al vuelo sin saber a quien iban dirigidos. No, perdón, a todos. Nos pertenecían a todos.

Fuimos tan felices, tan ligeros, tan grandes... Fuimos tan enteros, teniéndonos los unos a los otros en esa playa y ese amanecer.

Se me rompió el corazón, si. Pero no fue tan grave porque los tenía a ellos y, gracias a eso, pude recoger las piezas y volver a juntarlo. El primer intento, el primer tanteo de la vida, dándome otra oportunidad, diciéndome que no pasaba nada.

Pero si pasó. Aquella noche, aquel amanecer fue también el inicio del fin para todos nosotros. Nuestro "para siempre" se lo llevó la primera marea sin que nos diésemos cuenta, demasiado ocupados abrazados, con arena y sal en los pies. Todas las cosas tienen un punto álgido, un momento de tocar el cielo y luego, de nuevo, la caída. Quizá fuésemos demasiado jóvenes para verlo, para saber mantenerlo.

Se nos fue, como la tarde que sigue a la mañana y luego la noche y después un nuevo día y no has podido dormir así que no dejas ir al ayer hasta que duermes y luego te despiertas perdido sin saber en que momento estás o cómo pondrás en orden tu vida de nuevo.

Pero yo, acordándome de aquel viaje vuelvo a ser feliz como entonces por un instante y sonrío, satisfecha, infinitamente agradecida de haber podido vivirlo. 


Balance | Parte I

(3)comments


Ni os imagináis lo muchísimo que me gustó hacer de nuevo una sesión de fotos y además con una modelo con la que me lo pasé tan bien, fue tan fácil trabajar e inspirarse. Balance no es solo por la foto que encabeza la sesión si no por lo que significó para mí hacerla, encontrar de nuevo el equilibrio con la fotografía y perderle el miedo. Llevaba mucho tiempo (y vosotros lo sabéis) que no me atrevía a volver a fotografiar y que tampoco tenía ideas o personas que realmente me inspiraran y estuvieran cerca a mi alrededor así que sentía un peso muy grande que por fin se ha ido volando. Y vivir tiene mucho que ver en ello. Este verano, aunque un poco puteada en Julio por la falta de tiempo, me está trayendo mil sorpresas que estoy disfrutando y aprovechando lo indecible. Y no sé a quien tengo que darle las gracias pero, joder, sigue así. Más, y más.

¡Espero que la disfrutéis!
with love,
Desirée.


Esquivando la poesía, verano de 2016

(1)comments

No me preguntéis que es esto; no lo sé. No tengo ni la más remota idea. Yo ni escribo prosa ni poesía. Yo no escribo, punto. Desde hace mucho tiempo. Y esto no es un intento de volver a hacerlo. Mi historia minimalista tampoco lo es. Todo lo que lleve el nombre de fragmentos, mucho menos. Juntar varias palabras con sentido y pretensiones de llamarlo escrito es un insulto a todos los escritores que admiro así que, rotundamente, me reitero. No se lo que es esto. Pero es. Y me conformo con eso.

Esquivando la poesía, sin embargo, pretende ser el nombre que le he dado a todas esas cosas que nacen en forma de versos locos, sin medida ni métrica, con alergia a los poemas y la poesía porque aunque no pueda parar de leerla, no quiero saber nada de ella y sin embargo, se choca conmigo y me arrolla sin metro ni vías. Y sin avisar, la muy puta. Así que he decido que ante la perspectiva mejor hacerle caso y, pues no sé, que sea lo que ella quiera. Que me toque hasta quedarse contenta, que se duerma entre mis piernas, que me rasque la nuca hasta que amanezca. Que haga lo que quiera, que ya vendré yo y le haré ella.

Y... Que te voy a hablar. De besos.

Intento I

Te voy a contar un secreto.
Yo no beso
ni a mí me besan.

Los besos se encuentran
al final de una mirada,
entre medias de dos palabras,
al principio de una carcajada 
o cuando vencido el tiempo
estallan nuestras ganas.

No recuerdo nuestro último beso
y eso sólo puede decir
que el final, fue historia.
Porque de los finales no me acuerdo,
y prefiero pensar
como será empezar y encontrar(nos) nuevos besos.